▌ Caso de estudio
Seis mil camisetas
y una pregunta
incómoda.
Un coleccionista tiene unas 6.000 camisetas de fútbol. Están fotografiadas
una a una por un profesional, a 5424 × 7723 píxeles, doscientos gigas en
total. Y están guardadas en carpetas con nombres como
_1000795.jpeg.
La pregunta que hay detrás de cada una es siempre la misma:
¿esta se jugó de verdad?
▌ El problema
Una foto preciosa
no es un archivo.
La digitalización estaba hecha y pagada. Lo que no existía era el archivo: qué es cada pieza, de qué año, de qué partido, y sobre todo qué se puede demostrar y qué no. Sin eso, doscientos gigas de fotografía profesional son doscientos gigas de fotografía profesional.
Y hay una frontera que lo condiciona todo: hoy una camiseta de jugador nace autenticada — el club recoge la prenda sin lavar, la fotografía y le pone un chip. Todas las piezas de esta colección son anteriores a esa práctica. Así que solo quedan dos caminos: photomatch (encontrar la foto de agencia donde se ve esa misma prenda) y documentar la procedencia.
▌ La decisión
Lo fácil era hacer
un oráculo.
Un botón, una respuesta: auténtica / no auténtica. Habría quedado espectacular en una demo y habría sido una irresponsabilidad. Un modelo no puede firmar la autenticidad de una prenda de coleccionista, y si lo hiciera, el que responde no es el modelo: es quien montó el sistema.
Así que el sistema no da veredictos. Da evidencia, y dice exactamente qué falta para poder afirmar algo. Cuatro reglas innegociables, escritas antes que la primera línea de código:
-
01
El sistema nunca dice si una camiseta es auténtica.
Devuelve estado, cadena de evidencia y qué falta para poder afirmarlo. La autenticidad la firma un perito humano. Con piezas de este valor, un veredicto equivocado del sistema es responsabilidad de quien hizo el sistema.
-
02
Nada se guarda sin confirmación.
Todo cambio pasa por una pantalla de antes y después, con aplicar o descartar. Un cambio invisible es peor que un error visible.
-
03
Nada se sobrescribe, todo se añade.
Los análisis se apilan como versiones con fecha y diferencias. La primera versión no se borra nunca, aunque estuviera equivocada. Sobre todo si estaba equivocada.
-
04
Cada dato lleva su origen.
No pesa igual un dato leído en la foto, uno que aporta el propietario de memoria y uno verificado contra una fuente externa. Se marcan distinto y se ven distinto.
▌ Las pantallas
Dos estados,
nunca uno.
Una ficha puede estar impecable y la pieza no tener nada probado. Pasa constantemente. Por eso el estado de la ficha (borrador, completa, revisada) y el nivel de evidencia (sin evidencia, parcial, peritada) son dos cosas separadas y se ven separadas. Ninguna de las dos la elige el usuario: se calculan solas a partir de lo que hay.
Y las tareas tampoco se escriben a mano. Cada eslabón sin verificar genera la suya. Agrupadas por tipo, «412 piezas sin fotografía de etiqueta» deja de ser 412 avisos y se convierte en una sesión de fotos de una tarde.
▌ El catálogo
Buscador, filtros por tipo, competición, década y estado, y el contador arriba: 12 piezas de las 6.000 del inventario. La barra negra la pone el propio archivo — es la versión de demostración, con datos inventados.
▌ Una ficha
La misma pieza vista por dentro. Dos verdes, dos ámbar y un gris: eso es todo lo que el sistema se permite decir. Abajo, la conclusión — “compatible, pendiente de más evidencia” — y la frase que gobierna el proyecto entero.
▌ Capturas reales del prototipo · versión de demostración, sin fotografías de la colección
▌ Pruébalo
Tu camiseta,
la misma cadena.
Elige la foto de una camiseta tuya y responde qué se ve en ella. El sistema no va a decirte si es auténtica — va a decirte qué se puede afirmar, qué no, y qué te falta para poder afirmarlo.
La foto no se sube a ningún sitio. Se abre dentro de esta pestaña y se queda ahí: no hay servidor, no hay envío, no se guarda nada.
Sin foto — puedes responder igualmente
Estado de ficha
- Borrador
- Completa
- Revisada
«Revisada» la marca una persona, no el formulario.
Nivel de evidencia
- Sin evidencia
- Parcial
- Peritada
«Peritada» no se puede alcanzar aquí. La firma un perito humano.
▌ La cadena, eslabón a eslabón
Conclusión
Sin evidencia. La ficha puede quedar impecable y la pieza no tener nada probado: son dos cosas distintas y por eso se muestran separadas.
El sistema nunca dice si una camiseta es auténtica.
▌ Lo que falta
▌ La técnica
Los dorsales de
los otros.
El hallazgo del proyecto no fue mirar mejor la camiseta. Fue dejar de mirarla.
En una fotografía de archivo, además del jugador que llevaba esa prenda suelen verse otros dos o tres dorsales en el mismo encuadre. Esa combinación concreta de números sobre el campo no se repite: identifica la convocatoria, y la convocatoria identifica el partido. Se pasa de «algún partido entre 1999 y 2001» a cinco encuentros con fecha y estadio.
Con una salvedad que hay que decir siempre: eso identifica el partido de la fotografía, no el de la camiseta. Reduce el archivo, no cierra el caso. Confundir las dos cosas es exactamente el error que este sistema existe para no cometer.
▌ Lo que falló
Agrupar las fotos por color.
Había veinte fotos sueltas que asignar a sus piezas. Se agruparon por análisis de color, que parecía lo obvio. Dos bloques se atribuyeron mal: el amarillo era de una camiseta y se asignó a otra, el blanco igual. Nadie se dio cuenta hasta que un humano miró las fotos.
Ninguna inferencia automática vale sin que una persona mire la foto.
Ese fallo es el origen de una regla del producto: toda ficha nace «sin revisar». No como cortesía, sino porque ya sabemos lo que pasa cuando no es así.
El segundo error fue de otro tipo, y peor: un replace
sobre el HTML del prototipo buscaba const $=s=> y el archivo
decía const $ = s =>. No coincidió, no dio error, y las
tareas salieron vacías. Un fallo silencioso. De ahí
la costumbre de verificar que el dato está donde debe después de cada
cambio, en vez de conformarse con que no salte una excepción.
▌ Qué cuesta
Los números,
sin redondear al alza.
Esto es lo que cuesta el software: construirlo y mantenerlo. No es una tasación de la colección ni una valoración de la empresa — no tengo con qué sostener ninguna de las dos, y decir un número bonito aquí sería exactamente el tipo de cosa contra la que va la regla 01.
- Desarrollo equivalente encargado a una agencia
- 8.000 – 18.000 €
- Funcionamiento en régimen normal
- 35 – 45 €/mes
- Analizar una pieza
- 5 – 12 céntimos
- Pasada completa a las 6.000 piezas
- 200 – 400 €
- Revisión humana de las 6.000 fichas
- 3.000 – 6.000 €
- Piloto de 100 piezas, un mes
- 55 – 70 €
▌ La digitalización fotográfica ya estaba hecha y pagada. Eso eliminó del plan inicial una partida de 18.000 – 30.000 €.
▌ Dónde está hoy
Prototipo. Y privado.
Hay un prototipo navegable con las primeras piezas fichadas y la cadena de evidencia completa. La arquitectura está decidida — Cloudflare Pages, Workers, D1, R2 y acceso restringido por correo, todo sobre cuentas ya pagadas — y el piloto entra en planes gratuitos.
Lo que no hay, y no va a haber: venta, zona pública, tasación automática ni certificados emitidos por el sistema. Es una herramienta de consulta para una persona. La colección crece unas diez piezas al mes: un 2 % al año. Eso, y no la moda, es lo que define el diseño.
Las capturas de arriba son de verdad, pero son de la versión de demostración: la que se manda para enseñar la herramienta, con fichas inventadas y sin una sola fotografía dentro. La colección no es mía, las fotos son del propietario y de un fotógrafo profesional, y la cesión de derechos no está firmada. Publicar el inventario de piezas de este valor tampoco sería muy listo.